La música para la Misa de Difuntos

Misa de Difuntos Requiem Funeral Exequias

¿Qué debe cantarse en una misa de difuntos? Hace unas semanas he asistido a un par de misas de difuntos, no eran exequias específicamente sino una misa de aniversario, y otra a una semana del fallecimiento. En ambas ocasiones me llamó la atención la música cantada en las misas, por lo pobre en reflejar la Fe Católica sobre la muerte de los fieles. Ahora, pude darme cuenta de que tal empobrecimiento no afecta sólo a los cantos sino que también toca a las homilías.  Si en la misa se escucharon canciones como “Entre tus manos” o “Más allá del sol”, en la homilía sólo se escuchó sobre el bien que la persona había hecho en vida y que la muerte era un paso necesario para llegar a la vida eterna.

San Juan Bosco decía que el mayor error de la pedagogía moderna era el abandono de la enseñanza sobre los novísimos, y si eso decía él hace más de un siglo ¿Qué podremos decir de la enseñanza actual? En las múltiples exequias en que he estado, jamás he escuchado que el sacerdote hable en la homilía sobre el juicio particular, sobre el Purgatorio, o sobre el Infierno. El Cielo sí que se ha mencionado, pero injustamente, pues se ha afirmado que el difunto ya se encuentra en el Cielo, contrariando totalmente la enseñanza de la Iglesia al respecto. Este terrible error contagia inevitablemente la música, de modo que se emplean cantos como los mencionados anteriormente que invitan a pensar en la resurrección como consecuencia automática de la muerte, e incluso otros más alegres llegando al puritanismo de insinuar que la tristeza ante la muerte es “falta de Fe en la resurrección”.

Basta revisar las indicaciones del Graduale para la Missa pro Defunctis para echar abajo todos estos errores. En primer lugar, la misa de exequias tiene un ordinario indicado que es casi el mismo de las misas feriales en tiempos de Adviento y Cuaresma. Esto ya nos habla de recogimiento, de austeridad, de penitencia, de implorar la misericordia de Dios.  Cada una de las dieciocho misas del Kyriale posee un carácter y un temperamento particular de acuerdo a los momentos del ciclo litúrgico en los que se indica su uso, algo que lamentablemente se ha perdido con el abandono del Canto Gregoriano, y la misa de difuntos es la más sobria y simple de todas. Valga mencionar de paso, que con la pérdida del gregoriano en las parroquias, ha desaparecido también la variación textual en el Agnus Dei del Officium Defunctorum.

Agnus Dei Missa pro Defunctis Misa de difuntos
Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso. Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo, dales el descanso eterno.

Ahora bien, los textos del propio de la Missa pro Defunctis son transparentes en cuanto a qué actitud nos pide la Iglesia frente a la muerte de un ser querido: El Introito nos dice “Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis.” (Dales, Señor, el descanso eterno, y brille para ellos la luz perpetua), y el Tracto “Absolve Domine animas omnium fidelium defunctorum ab omni vinculo delictorum. Et gratia tua illis succurrente, mereantur evadere juditium ultionis, et lucis aeternae beatitudine perfrui.” (Absuelve, Señor, las almas de todos los fieles difuntos de los lazos de sus pecados. Y mediante el auxilio de tu gracia, merezcan evitar el juicio de la divina venganza, y disfrutar de la felicidad de la luz eterna.), y ni hablar de la secuencia Dies Irae, suprimida con la reforma litúrgica de 1970, que nos hablaba del juicio final y de la necesidad del arrepentimiento y la misericordia divina.

Estas no son invenciones medievales o tridentinas, sino que han sido la enseñanza de la Iglesia desde siempre. Escuchemos el testimonio de los padres de la Iglesia:

 “En cuanto a la recitación de los nombres de los difuntos, ¿qué puede haber que resulte más útil y que sea más oportuno y digno de alabanza, a fin de que los presentes se den cuenta de que los difuntos siguen viviendo y no han quedado reducidos a la nada, sino que siguen existiendo y viven junto al Señor, y así quede afianzada la esperanza de aquellos que rezan por sus hermanos difuntos considerándolos como si hubieran emigrado a otro país? Son útiles, en efecto, las preces que se hacen en su favor, aunque no puedan eliminar todas sus culpas.” San Epifanio de Salamina

“Por tanto, las pompas fúnebres, los cortejos funerarios, la suntuosa diligencia frente a la sepultura, la lujosa construcción de los mausoleos significan un cierto consuelo para los vivos, nunca una ayuda para los muertos. En cambio, no se puede dudar de que se les ayuda con las oraciones de la santa Iglesia, con el sacrificio salvador y con las limosnas que se otorgan en favor de sus almas, para que el Señor los trate con más misericordia que la merecida por sus pecados.

Esta costumbre, transmitida por los padres, la observa la Iglesia entera por aquellos que murieron en la comunión del cuerpo y sangre de Cristo y de modo que, al mencionar sus nombres en el momento oportuno del sacrificio eucarístico, ora y recuerda también que se ofrece por ellos. Si estas obras de misericordia se celebran como recomendación por ellos, ¿quién dudará de que han de serles útiles a aquellos por quienes se presentan súplicas ante Dios en ningún modo inútiles?“ San Agustín

Así pues, es claro que ante la muerte de un familiar, la Iglesia nos llama a ser concientes de la realidad del juicio, y por ello elevar oraciones a Dios pidiendo el perdón de sus culpas y el descanso de su alma inmortal. Así mismo, la Iglesia reconoce que la muerte es inevitablemente causa de tristeza y dolor para sus familiares y amigos, y de ahí la costumbre de muchos compositores del renacimiento de musicalizar textos del libro de Job, componiendo motetes para la misa de difuntos, como Taedet animam meam y Versa est in luctum.

A continuación, les presentamos el repertorio que ofrecemos en Philokalia Cantorum.

Ordo para la Misa de Difuntos

Introito: Requiem Aeternam
Requiem aeternam dona eis Domine, et lux perpetua luceat eis. Ps/ Te decet hymnus, Deus, in Sion, et tibi reddetur votum in Hierusalem; exaudi orationem meam; ad te omnis caro veniet. R/ Requiem…

Kyrie: Missa pro Defunctis (XVIII b)
Kyrie eleison, Christe eleison, Kyrie eleison.

Tractus: Absolve Domine
Absolve, Domine, animas omnium fidelium defunctorum ab omni vinculo delictorum. V/ Et gratia tua illis succurrente, mereantur evadere Judicium ultionis. V/ Et lucis aeternae beatitudine perfrui.

Offertorio: O Jesu Christe -Jacquet de Mantua
O Jesu Christe, miserere mei, cum dolore langueo: Domine, tu es spes mea. Clamavi ad te, miserere mei.

Sanctus: Missa pro Defunctis (XVIII)
Sanctus, Sanctus, Sanctus Dominus Deus Sabaoth. Pleni sunt Caeli et Terra gloria Tua. Hosanna in excelsis. Benedictus qui venit in nomine Domini. Hosanna in excelsis.

Agnus Dei: Missa pro Defunctis (XVIII)
Agnus Dei, qui tollis peccata mundi: Dona eis requiem (sempiternam)

Communio: Caligaverunt oculi mei – Tomás Luis de Victoria
Caligaverunt oculi mei a fletu meo: quia elongatus est a me, qui consolabatur me: V/ Videte, omnes populi, R/ si est dolor similis sicut dolor meus. V/ O vos omnes, qui transitis per viam, attendite, et videte R/ si est dolor…

Salida: Da Pacem Domine
Da pacem, Domine, in diebus nostris quia non est alius qui pugnet pro nobis, nisi tu Deus noster.

El problema actual de la mala calidad de la música en la misa

Santa Misa tradicional Música litúrgica

“La misa es una fiesta muy alegre” dice una popular canción que se escucha a menudo como canto de entrada en las misas de nuestro país. Musicalmente, la canción puede describirse perfectamente como una tonada infantil, y si de hecho se considera la pueril superficialidad de la letra, pues con mayor razón. No obstante, siempre me ha causado curiosidad el texto de la canción, porque refleja lo que muchos músicos, y los sacerdotes que permiten tales cantos, piensan y creen sobre la Santa Misa. Basta con examinar el Catecismo (nums. 1322-1419), para ver que la palabra “fiesta” no es aplicada en ninguna ocasión a la Santa Misa, y si aparece es únicamente para referirse a los “días de fiesta”. como categoría litúrgica. Tal canción es pues un síntoma evidente de por qué la música usada en las misas brilla por su pobreza y su poca correspondencia con la naturaleza de la eucaristía.

Si se piensa hoy en la música que suena en los templos católicos, probablemente lo primero en que se piensa es en el sonido de la guitarra acompañando una melodía tipo balada pop o rock suave, con una letra simplísima que muy probablemente consista en la repetición de una misma frase variando una sola palabra. Se trata, casi siempre, de una pobre imitación de géneros músicales profanos, llámese balada setentera, canción de protesta, slow rock o ronda infantil. ¿Cómo es que la Santa Misa pasó de ser el faro de belleza que iluminaba la cultura, y a quien los grandes compositores dedicaron siempre lo mejor de su talento, a convertirse en una burda imitación de un campamento de adolescentes?

Es indudable que este súbito abandono y profanación de la música liturgica está ligado con la reforma litúrgica ocurrida en 1970. Ese es el punto de inflexión que marca una ruptura con el patrimonio musical previo. La Reforma Litúrgica del posconcilio supuso un oscurecimiento de la naturaleza sacramental de la Santa Misa, y una pérdida general del sentido de lo litúrgico caracterizada por tres elementos: El abandono del Latín como idioma propio de la liturgia, el desdibujar la distinición entre lo sagrado y lo profano, y un asambleísmo que distorsiona la comprensión de la Eucaristía como acción sacramental del mismo Jesucristo a través del sacerdote.

La misa en Latín

Cierto es que según la constitución Sacrosanctum Concilium, el Latín sigue siendo el idioma propio de la Liturgia, pero no es menos cierto también que en el momento de presentar la reforma de 1970, el papa Pablo VI fue muy claro en que el Latín iba a ser remplazado por la lengua vernácula como idioma de la liturgia. Así fue entendido por las Iglesias locales, que dejaron de editar el Misal en Latín y marginaron, hasta el casi total abandono, la enseñanza del Latín en los seminarios. Poco importa que la norma mantenga el Latín como lenguaje propio de la liturgia, en la vida práctica de la Iglesia es como si tal norma no existiese.

El cambio del Latín por la lengua vernácula,  trastocó por completo la vida musical de la Iglesia. No es difícil imaginárselo si dijéramos que en todas las iglesias se hizo una pira enorme para quemar kyriales, graduales y demás libros y colecciones de canto gregoriano y polifonía sacra, porque el resultado fue exactamente el mismo: Todo lo que la Iglesia venía cantando a través de los siglos fue arrojado al olvido, el patrimonio músical de la Iglesia fue defenestrado y sustituído por composiciones nuevas, sin que el tamiz del tiempo hubiera podido separar el buen trigo del malo. Cierto es que en países como Inglaterra ya existían himnos en vernácula que fueron fácilmente incorporados, en otros casos se hicieron traducciones de himnos latinos, pero a nivel general, la tendencia fue a la instalación de la balada setentera como “género oficial” de la misa, combinada con una importación masiva de cantos protestantes.

Música sagrada vs. música profana

El abandono del Latín, junto con otros elementos semiológicos de la reforma litúrgica, hace parte de una de las notas más características de tal reforma, y, hemos de decirlo, de las más devastadoras: La disolución de la distinción entre lo sagrado y lo profano, que siempre fue esencial a las formas litúrgicas. El templo, en sí mismo, es la separación entre un espacio sagrado y el resto del mundo, y aún dentro del mismo templo, la reja del presbiterio, o en oriente el iconostasio, separa un lugar tan sagrado que, como el Sancta sanctorum del Antiguo Testamento, sólo los sacerdotes pueden entrar en él. Esa división entre el presbiterio y el resto de la nave siempre fue un signo de suprema elocuencia para la Iglesia: El presbiterio pertenecía más al Cielo que a la Tierra, y sus puertas se abrían cuando el sacerdote salía con la Sagrada Eucaristía en la mano, para distribuir entre los fieles a Dios mismo en forma de pan angélico.

Los ornamentos del sacerdote, las oraciones secretas, la “lengua muerta”, todos los signos litúrgicos eran una catequesis práctica para los fieles, de que lo que ocurría en el altar no pertenecía a este Mundo.  Lo mismo ocurre con la música litúrgica: El canto gregoriano, así como el ambrosiano, el mozárabe, o el bizantino, son géneros absolutamente ajenos a la música profana. Ésa ha sido siempre la característica esencial de la música litúrgica, y así fue confirmada por el papa San Pío X en su motu proprio Tra le Sollecitudini: “Debe ser santa y, por lo tanto, excluir todo lo profano, y no sólo en sí misma, sino en el modo con que la interpreten los mismos cantantes.”

¿Fue esto abolido por la reforma litúrgica? A juzgar por la misa cotidiana de cualquier parroquia, la respuesta será un sí definitivo, aunque alguno señale que tal práctica nunca ha sido avalada por las normas. ¿Cómo se llegó entonces a ésto? Lo cierto es que en todas las transformaciones ordenadas por la reforma de 1970, se refleja una disolución de esta división entre lo sagrado y lo profano, en función de realzar el papel de la asamblea en la celebración litúrgica. Si pudiera resumirse el espíritu de tal reforma en una frase, no temo errar si dijera que es la siguiente: “todo en la Liturgia debe ser visto, escuchado, entendido y participado por la asamblea de los fieles”. Por eso la misa en vernácula y en voz alta, por eso el sacerdote mirando al pueblo y no al sagrario, por eso la eliminación del doble Confiteor, y por eso también el Canto Gregoriano terminó siendo sustituido por el canto popular de géneros profanos.

El “asambleísmo” de la reforma litúrgica

Todos los documentos magisteriales sobre música sacra, reconocen la primacía del Canto Gregoriano entre los diversos género de música sacra. Según la constitución Sacrosanctum Concilium, “La Iglesia reconoce el canto gregoriano como el propio de la liturgia romana; en igualdad de circunstancias, por tanto, hay que darle el primer lugar en las acciones litúrgicas.” No obstante, la misma constitución más adelante afirma, “Foméntese con empeño el canto religioso popular, de modo que en los ejercicios piadosos y sagrados y en las mismas acciones litúrgicas, de acuerdo con las normas y prescripciones de las rúbricas, resuenen las voces de los fieles.” Así mismo, bajo la lógica de la inculturación, se afirma que “hay pueblos con tradición musical propia que tiene mucha importancia en su vida religiosa y social, dése a este música la debida estima y el lugar correspondiente no sólo al formar su sentido religioso, sino también al acomodar el culto a su idiosincrasia”. Algo similar ocurre en la instrucción Musicam Sacram, que afirma que “La Iglesia no rechaza en las acciones litúrgicas ningún género de música sagrada, con tal que responda al espíritu de la misma acción litúrgica y a la naturaleza de cada una de sus partes y no impida la debida participación activa del pueblo.”

Así, la reforma elevó “la participación activa del pueblo” a principio esencial de la música litúrgica, y bajo este principio se impulsó el uso de textos simples (incluso simplones) y melodías fáciles (importadas de géneros profanos y folclóricos). Y no es que antes no fuera valorado el canto del pueblo, pero nunca se había puesto el canto del pueblo como condicionante frente al género de música sacra. “Procúrese, especialmente, que el pueblo vuelva a adquirir la costumbre de usar del canto gregoriano, para que los fieles tomen de nuevo parte más activa en el oficio litúrgico, como solían antiguamente”, dice el motu proprio de San Pío X. Si antes de la reforma se pedía que el pueblo fuera formado para cantar el gregoriano junto con el coro, luego de la reforma se rebajó la música litúrgica al nivel músical del pueblo.

Tras la reforma, la música litúrgica dejó de ser un vehículo de evangelización del pueblo, para convertirse en un medio de mundanización de la liturgia. Además, bajo el paradigma de la inculturación se puso una barrera a que el patrimonio musical de la Iglesia sirviera para el enriquecimiento cultural de las sociedades evangelizadas, a diferencia de como había ocurrido durante la conquista de América. Si la misa dejó de ser vista como ese misterio admirable por el que Dios se entrega a los hombres como alimento, para convertirse en una mera asamblea comunitaria con el pan como “símbolo” de la unión fraterna, no es de extrañar que el canto abandonara los himnos y cánticos compuestos por los doctores de la Iglesia, músicalizados con lo más excelente de cada periodo y género musical, para reducirse a una mera “amenización” de un evento social, mero entretenimiento para hacer la misa “menos aburrida”.

Conclusiones

San Agustín relata en sus confesiones el papel tan fuerte que tuvo el canto litúrgico en su proceso de conversión a la Fe Católica:

¡Cuánto lloré también oyendo los himnos y cánticos que para alabanza vuestra se cantaban en la iglesia, cuyo suave acento me conmovía fuertemente y me excitaba a devoción y ternura! Aquellas voces se insinuaban por mis oídos y llevaban hasta mi corazón vuestras verdades, que causaban en mí tan fervorosos afectos de piedad, que me hacían derramar copiosas lágrimas, con las cuales me hallaba bien y contento. (Lib. 9, Cap. 6)

¿Qué diría el santo obispo si se paseara hoy por alguna de nuestras parroquias? ¿Creemos realmente que alguno se convertirá escuchando “una espiga dorada por el sol” o “alabaré a mi Señor”? ¿Podemos decir con sinceridad que la música litúrgica actual transmite las Verdades de Fe que la Iglesia nos pide creer?

Así pues, se hace evidente la necesidad imperiosa de una recuperación de la música sacra, para que el patrimonio musical milenario de la Iglesia Católica vuelva a ser de uso cotidiano en la misa parroquial, y no sólo en contadas catedrales. Como se ha demostrado, esta restauración pasa necesariamente por una restauración del sentido mismo de la litúrgia y su naturaleza sacramental en la mente de los fieles, clérigos y laicos, tal como había expuesto magistralmente el papa Sarto. San Pío X presenta tres requisitos esenciales de la Música litúrgica: Debe ser santa (es decir que ha de expresar con fidelidad el contenido de la Fe, excluyendo todo lo profano), debe tener arte verdadero (es decir que musicalmente debe destacar por su calidad y excelencia), y debe ser universal (Que por su belleza ha de ser accesible a los fieles de toda la Iglesia, más allá de las diferencias culturales).

Frente a lo primero, se hace indispensable recuperar el sentido de lo sagrado en la liturgia: que los corazones estén más ad Dominum que concentrados en sus propias exigencias emocionales y sensoriales; que los cantores comprendan que la música litúrgia es la participación en los cantos que entonan los ángeles ante el trono de Dios y no la expresión de nuestra pobre espiritualidad subjetiva. Para lo segundo, es imprescindible que los sacerdotes aprendan a valorar la belleza de la música litúrgica y su imperiosa necesidad en la misa: que entiendan que la música es un arte que requiere artistas bien formados en su ejecución, y que estos artistas necesitan un sustento. No puede ser que en muchas parroquias el sacerdote se incline casi siempre por el músico aficionado y mediocre, sólo porque cobra más barato, o incluso lo hace gratis. Por último, la universalidad de la música sacra nos exige volver a la lengua latina y al patrimonio de la música sacra con el que la Iglesia ha puesto los cimientos de la música académica que hoy se estudia en todo el orbe.

Este es el propósito del proyecto Philokalia, una tarea que un grupo de jóvenes han tomado como propia, recuperando el patrimonio de canto gregoriano y polifonía sacra para que la liturgia vuelva a ser un momento sublime en que el alma se abre a los misterios celestes, gracias al servicio conjunto de las artes a Dios, de quien procede toda la belleza que se encuentra en las cosas terrestres como firma del autor sobre su obra. El alma humana busca la belleza como signo inequívoco de aquello que ha de amar, y por eso mismo, la belleza es también un camino para el conocimiento y el servicio divino. Que Dios nos ayude.

“CANTATE DOMINO CANTICUM NOVUM” Declaración sobre la situación actual de la música sacra

Canto Gregoriano Música Sacra Santa Misa

El pasado 5 de marzo, en el 50º aniversario de la Instrucción Musicam Sacram (Promulgada el 5 de Marzo de 1967), más de 200 pastores, músicos y académicos de todo el mundo, han firmado la Declaración Cantate Domino, sobre la mùsica sacra. La Declaración ha sido publicada en seis idiomas (English, Italiano, Español, Português, Français, Deutsch).Esta declaración defiende la contínua relevancia e importancia de la música sacra tradicional y critica las numerosas y serias desviaciones que han plagado la Iglesia Católica a través de la última mitad de siglo.

A continuación el texto de la declaración:

Los músicos, pastores, profesores, académicos y amantes de la música sacra que firmamos más abajo presentamos humildemente a la comunidad católica de todo el mundo esta declaración, en la que expresamos nuestro gran amor por el tesoro de música sacra de la Iglesia y nuestra profunda preocupación por su lamentable estado actual.

Introducción

Cantate Domino canticum novum, cantate Domino omnis terra (Salmo 96): este canto a la gloria de Dios ha resonado en la Cristiandad a lo largo de toda su historia, desde los primeros días hasta hoy. Tanto la Sagrada Escritura como la Sagrada Tradición dan pruebas de un gran amor por la belleza y poder que tiene la música en la adoración de Dios Omnipotente. El tesoro de la música sacra ha sido siempre objeto de veneración por los santos, los teólogos, los Papas y los laicos de la Iglesia Católica.

Este amor por la música y el cultivo de ella queda demostrado, en todas las épocas de la literatura cristiana, por los muchos documentos que los Papas han dedicado a la música sacra, comenzando con Docta Sanctorum Patrum de Juan XXII (1324) y Annus Qui de Benedicto XIV (1749), siguiendo con el Motu Proprio Tra le Sollicitudini de San Pío X (1903), con Musicae Sacrae Disciplina de Pío XII (1955), con el Quirógrafo sobre la Música Sacra de San Juan Pablo II (2003), etcétera. Esta gran cantidad de documentación nos impele a considerar con la máxima seriedad la importancia y el papel de la música en la liturgia. Esta importancia dice relación con la profunda conexión entre la liturgia y su música, conexión que es doble: una buena liturgia proporciona la ocasión para una música espléndida, pero una música litúrgica de baja calidad la afecta enormemente. Y no puede olvidarse aquí la importancia ecuménica de la música, puesto que, como sabemos, otras tradiciones cristianas –como la anglicana, la luterana y la ortodoxa oriental- tienen en gran estima la importancia y dignidad de la música sacra, como lo demuestra el celo con que protegen sus tesoros.

Hemos reflexionado sobre una importante fecha, el quincuagésimo aniversario de la promulgación de la Instrucción sobre la Música en la Liturgia, Musicam Sacram, el 5 de marzo de 1967, durante el pontificado del Beato Pablo VI. Releyendo hoy dicho documento, no podemos menos que pensar en la via dolorosa de la música sacra en las décadas que siguieron a Sacrosanctum Concilium. En realidad, lo que ocurrió en algunos sectores de la Iglesia de aquel tiempo (1967) no estuvo siempre de acuerdo ni con Sacrosanctum Concilium ni con Musicam Sacram: en efecto, se forzó una implementación, en ocasiones sin vigilancia por parte del clero o de la jerarquía eclesiástica, de ciertas ideas que no estuvieron jamás presentes en los documentos del Concilio. En algunos países, el tesoro de la música sacra, cuya preservación el Concilio había pedido, no sólo careció de protección sino que incluso se lo impugnó. Lo cual fue derechamente contrario al Concilio, que había establecido con toda claridad:

“La tradición musical de la Iglesia universal constituye un tesoro de valor inestimable, que sobresale entre las demás expresiones artísticas, principalmente porque el canto sagrado, unido a las palabras, constituye una parte necesaria o integral de la Liturgia solemne. En efecto, el canto sagrado ha sido ensalzado tanto por la Sagrada Escritura, como por los Santos Padres y los Romanos Pontífices, los cuales, en los últimos tiempos, empezando por San Pío X, han expuesto con mayor precisión la función ministerial de la música sacra en el servicio divino. La música sacra, por consiguiente, será tanto más santa cuanto más íntimamente esté unida a la acción litúrgica, ya sea expresando con mayor delicadeza la oración o fomentando la unanimidad, ya sea enriqueciendo la mayor solemnidad los ritos sagrados. Además, la Iglesia aprueba y admite en el culto divino todas las formas de arte auténtico que estén adornadas de las debidas cualidades” (SC 112).

La situación actual

A la luz del pensamiento de la Iglesia, tan frecuentemente expresado, no podemos sino preocuparnos por la situación actual de la música sacra, que es prácticamente desesperada, constituyendo los abusos en el campo de la música sacra casi más la norma que la excepción. Queremos resumir aquí algunos de los elementos que contribuyen a la deplorable situación actual de la música sacra y de la liturgia.

1. Se ha perdido la comprensión de la “forma musical de la liturgia”, es decir, del hecho de que la música es una parte inherente de la esencia misma de la liturgia como culto público, formal y solemne de Dios. No debemos solamente cantar en la Misa, sino que debemos cantar la Misa. Por lo tanto, como nos lo recuerda Musicam Sacram, las partes correspondientes al sacerdote debieran cantarse según los tonos contenidos en el Misal, con la debida respuesta de los fieles; debiera alentarse el canto del Ordinario de la Misa en gregoriano, o una música inspirada en él; y también los Propios de la Misa debieran recibir el lugar de honor que corresponde a su importancia histórica, a su función litúrgica y a su profundidad teológica. Similares consideraciones se aplican al canto del Oficio Divino. Rehusar cantar la liturgia; usar “música utilitaria” en vez de música sacra; rehusar educarse a sí mismos o a los demás en la tradición y deseos de la Iglesia, y poner poco o ningún esfuerzo o medios en la preparación de un programa de música sacra, constituyen una clara muestra del vicio de “pereza litúrgica”.

2. Esta pérdida de comprensión litúrgica y teológica va de la mano con la adhesión al secularismo. El secularismo de los estilos musicales populares ha contribuído a la desacralización de la liturgia, mientras que el secularismo de tanto comercio orientado al lucro ha impuesto con mayor rigor a las parroquias unas mediocres colecciones de música. Se ha alentado en la liturgia un antropocentrismo que socava su naturaleza misma. Actualmente, en vastos sectores de la Iglesia se da una incorrecta relación con la cultura, la cual puede ser concebida como una “red de conexiones”: en efecto, la situación real de nuestra música litúrgica (y de la liturgia misma, ya que ambas están vinculadas), constituye una ruptura de esta red de conexiones con nuestro pasado y hemos procurado conectarnos con un futuro que, sin su pasado, carece de significado. Hoy la Iglesia no está usando activamente sus riquezas culturales para evangelizar, sino que en gran parte está siendo ella misma usada por la cultura secular predominante, que nació en oposición al cristianismo, y que desestabiliza el sentido de adoración que está en el corazón de la fe cristiana.

En su homilía para la fiesta de Corpus Christi de 4 de junio de 2015, el papa Francisco ha hablado “del asombro de la Iglesia ante la realidad [de la Sagrada Eucaristía]… Un asombro que alimenta la contemplación, la adoración y la memoria”. ¿Dónde está este sentido de contemplación, de adoración y de asombro ante el misterio de la Eucaristía en tantas de nuestras iglesias a través del mundo? El se ha perdido porque estamos viviendo en una especie de Alzheimer espiritual, una enfermedad que nos está despojando de nuestra memoria espiritual, teológica, artística, musical y cultural. Se ha dicho que necesitamos incorporar a la liturgia la cultura de cada pueblo. Lo cual es verdad si se lo entiende correctamente, pero no si se lo entiende en el sentido de que la liturgia (y la música) ha de convertirse en el lugar donde tenemos que exaltar una cultura secular. Por el contrario, la liturgia es el lugar donde la cultura, toda cultura, es elevada a otro nivel y purificada.

3. Hay grupos en la Iglesia que presionan por una “renovación” que no refleja la enseñanza de la Iglesia sino que está al servicio de sus propios propósitos, visiones de mundo e intereses. Estos grupos cuentan con miembros colocados en posiciones claves de poder desde los que ponen en ejecución sus planes, su idea de cultura, su estilo de enfrentar los problemas contemporáneos. Hay poderosos lobbies, en algunos países, que han contribuído a reemplazar, de facto, los repertorios litúrgicos fieles a las directivas del Vaticano II con repertorios de mala calidad. De este modo, acabamos teniendo repertorios de nueva música litúrgica de estándares muy bajos, tanto en lo relativo al texto como a la música. Se llega a comprender que esto sea así cuando reflexionamos que no hay nada de valor perdurable que surja de una falta de conocimientos o de competencia, especialmente cuando se descuida los sabios preceptos de la tradición de la Iglesia:

“En este aspecto el canto gregoriano ha sido siempre considerado como el supremo modelo de música sacra, por lo que es plenamente legítimo establecer la siguiente ley general: cuanto más se acerque a la forma gregoriana una composición escrita para la Iglesia, tanto en su aire, en su inspiración y en su sabor, tanto más sagrada y litúrgica será, y será tanto menos digna del templo cuanto más diste de este supremo modelo” (S. Pío X, Motu Proprio Tra le Sollecitudini).

Hoy este supremo modelo es descartado, cuando no despreciado. Todo el Magisterio de la Iglesia nos ha recordado la importancia de adherir a este importante modelo, no como un modo de limitar la creatividad, sino como un fundamento sobre el cual puede florecer la inspiración. Si deseamos que los hombres busquen a Jesús, necesitamos preparar la casa con lo mejor que la Iglesia puede ofrecer. No invitamos a los hombres a nuestra casa, la Iglesia, para ofrecerles un subproducto de la música o del arte, puesto que se puede encontrar música de estilo pop mucho mejor fuera de la Iglesia. La liturgia es un limen, un umbral que nos permite dejar atrás nuestra existencia diaria y entrar en el culto de los ángeles: Et ideo cum Angelis et Archangelis, cum Thronis et Dominationibus, cumque omni militia caelestis excercitus, hymnum gloriae tuae canimos, sine fine dicentes…

4. Este desprecio del canto gregoriano y del repertorio tradicional es signo de un problema mucho mayor, el desprecio de la Tradición. Sacrosanctum Concilium nos enseña que el legado musical y artístico de la Iglesia debiera ser respetado y venerado, porque es la encarnación de siglos de culto y de oración, y una expresión de las más altas cumbres de la creatividad y espiritualidad humanas. Hubo una época en que la Iglesia no corría en pos de la última moda, sino que era ella quien creaba la cultura y era su árbitro. La falta de compromiso con la tradición ha colocado a la Iglesia y a su liturgia en un camino inseguro y lleno de meandros. La separación que se ha intentado hacer de las enseñanzas de Vaticano II respecto de las enseñanzas anteriores de la Iglesia es un camino sin salida: el único camino hacia adelante es la hermenéutica de la continuidad propuesta por el Papa Benedicto XVI. La condición para una restauración de la liturgia y de su música a una situación de nobleza es la recuperación de la unidad, integridad y armonía de la enseñanza católica. Como el papa Francisco nos lo ha enseñado en su primera encíclica: “el conocimiento de sí, la misma autoconciencia, es relacional y está vinculada a otros que nos han precedido” (Lumen Fidei 38).

5. Otra causa de la decadencia de la música sacra es el clericalismo y el abuso del estatus y posición clerical. Muchos clérigos que han recibido una pobre educación en la gran tradición de la música sacra siguen tomando decisiones sobre personas y políticas que contravienen el auténtico espíritu de la liturgia y la renovación de la música litúrgica por la que se ha abogado tantas veces en nuestros tiempos. Además, con gran frecuencia contradicen las enseñanzas del Vaticano II en nombre de un supuesto “espíritu del Concilio”. Por otra parte, especialmente en algunos países de vieja tradición cristiana, los miembros del clero tienen acceso a posiciones que no están abiertas a los laicos, en circunstancias de que hay músicos laicos perfectamente capacitados para dar a la Iglesia un servicio profesional igual o mejor.

6. Advertimos asimismo el problema de las remuneraciones inadecuadas (y a veces injustas) a los músicos laicos. La importancia de la música sacra en la liturgia católica exige en todas partes que por lo menos algunos miembros de la Iglesia estén bien educados, bien equipados y dedicados en estas materias a servir al Pueblo de Dios. ¿No es acaso verdadero que debemos dar a Dios lo mejor de nosotros? Nadie se asombra ni se altera al enterarse de que los médicos necesitan un salario para vivir, ni nadie aceptará que se le administre un tratamiento médico por voluntarios sin preparación; los sacerdotes tienen su salario, puesto que no pueden vivir si no comen, y si no comen no podrán prepararse en las ciencias teológicas ni celebrar dignamente la Misa. Si podemos pagar a los floristas y los cocineros que colaboran en las parroquias, ¿por qué habría de parecer raro que quienes realizan actividades musicales para la Iglesia tengan derecho a una justa compensación?[1]

Propuestas positivas

Podría parecer que lo que aquí hemos dicho es pesimista, pero tenemos la esperanza de que existe una forma de salir de este invierno. Presentamos aquí las siguientes propuestas in spiritu humilitatis, con el propósito de restaurar la dignidad de la liturgia y de su música en la Iglesia.

1. En nuestra calidad de músicos, pastores, académicos y católicos que amamos el canto gregoriano y la polifonía sacra, tan frecuentemente alabados y recomendados por el Magisterio, solicitamos que sea reconfirmada esta herencia, así como las composiciones sacras modernas, en latín o en lengua vernácula, que se inspiran en esta gran tradición, y pedimos que se den pasos concretos para su promoción en todas partes, en todas las iglesias del orbe, de modo que los católicos puedan cantar las alabanzas del Señor con una sola voz, un solo espíritu y un solo corazón, unidos en una cultura que supera todas sus diferencias. También pedimos que se vuelva a confirmar la importancia única del órgano de tubos para la sagrada liturgia debido a su singular capacidad de elevar los corazones hacia el Señor y por su perfecta adecuación para apoyar el canto de los coros y de las asambleas.

2. Es necesario que la educación del buen gusto musical y litúrgico comience con los niños. A menudo, algunos educadores sin formación musical creen que los niños no pueden apreciar la belleza del verdadero arte. Nada más lejos de la verdad. Si se usa una pedagogía que los ayude a acercarse a la belleza de la liturgia, los niños se formarán de un modo tal que verán robustecidas sus fuerzas, porque se les ofrecerá un nutritivo pan espiritual y no un alimento industrial aparentemente sabroso pero malsano (como ocurre en las “Misas para niños” que emplean música de inspiración pop). Sabemos por experiencia propia que cuando se hace oír a los niños tales repertorios, comienzan a apreciarlos y a desarrollar una relación más profunda con la Iglesia.

3. Para que los niños aprecien la belleza de la música y del arte, para que comprendan la importancia de la liturgia como fons et culmen de la vida de la Iglesia, debemos tener un laicado robusto que siga al Magisterio. Debemos abrir espacios a un laicado bien preparado en áreas vinculadas con el arte y la música. Hacen falta años de estudio para desempeñarse como músicos o educadores litúrgicos competentes. Es necesario reconocer este status “profesional”, y respetarlo y promoverlo de modo práctico. En relación con esto, sinceramente esperamos que la Iglesia siga trabajando contra ciertas obvias y sutiles formas de clericalismo, de modo que el laicado pueda contribuír plenamente en áreas donde la ordenación no es necesaria.

4. Debiera insistirse en que las catedrales y basílicas posean mayores estándares en relación con el repertorio y las competencias musicales. En cada diócesis el obispo debiera contratar al menos un director musical profesional y/o un organista que se guíen por instrucciones claras en lo relativo al fomento de la música litúrgica de excelencia en la catedral o basílica, y que constituyan un claro ejemplo de cómo combinar obras de la gran tradición con nuevas y apropiadas composiciones. Creemos que para esto hay un sólido principio en Sacrosanctum Concilium 23: “no se introduzcan innovaciones si no lo exige una utilidad verdadera y cierta de la Iglesia, y sólo después de haber tenido la precaución de que las nuevas formas se desarrollen, por decirlo así, orgánicamente a partir de las ya existentes” (SC 23).

5. Queremos sugerir que en cada basílica y catedral se fomente la celebración de una Misa semanal en latín (en cualquiera de las dos formas del Rito Romano), de manera de preservar el vínculo que tenemos con nuestro pasado litúrgico, cultural, artístico y teológico. El hecho de que hoy muchos jóvenes estén redescubriendo la belleza del latín en la liturgia es, ciertamente, un signo de los tiempos, y nos urge a olvidar las luchas del pasado y buscar un enfoque más “católico” que se alimente de todos los siglos de culto católico. Con la actual disponibilidad de libros, folletos y recursos online, no habrá de ser difícil facilitar la participación activa de quienes deseen asistir a una liturgia en latín. Además, debiera fomentarse que cada parroquia celebre todos los domingos una Misa íntegramente cantada.

6. Para los obispos debiera ser una prioridad la educación litúrgica y musical del clero. Este tiene la responsabilidad de aprender y practicar las melodías litúrgicas, puesto que, de acuerdo con Musicam Sacram y otros documentos, debiera poder cantar las oraciones de la liturgia y no, simplemente, recitar las palabras. Por eso, en los seminarios y universidades debiera familiarizarse con la gran tradición de música sacra de la Iglesia y apreciarla, en armonía con el Magisterio y con el saludable principio de Mt. 13, 52: “Todo escriba instruído en el reino de los cielos es como un hombre, amo de su casa, que saca de su tesoro cosas nuevas y cosas antiguas”.

7. Antiguamente los editores católicos tuvieron un gran papel en la difusión de buenos ejemplos de música sacra, antigua y nueva. Hoy esos mismos editores, aun perteneciendo a algunas diócesis o instituciones religiosas, difunden a menudo, por consideraciones puramente comerciales, música inapropiada para la liturgia. Muchos católicos fieles piensan que lo que los principales editores ofrecen está de acuerdo con la doctrina de la Iglesia Católica en lo referente a liturgia y música, en circunstancias de que ello frecuentemente no es así. Los editores católicos debieran tener como objetivo principal la educación de los fieles en la sana doctrina católica y en las buenas prácticas litúrgicas, y no el ganar dinero.

8. También es fundamental educar a los liturgistas. Así como los músicos necesitan comprender lo fundamental de la historia y la teología de la liturgia, así también los liturgistas deben ser educados en canto gregoriano, polifonía y en toda la tradición musical de la Iglesia, para que puedan discernir lo bueno de lo malo.

Conclusión

 En su encíclica Lumen Fidei el papa Francisco nos ha recordado cómo la fe vincula pasado, presente y futuro:

“en cuanto respuesta a la palabra que la precede, la fe de Abraham será siempre un acto de memoria. Sin embargo, esta memoria no se queda en el pasado, sino que, siendo memoria de una promesa, es capaz de abrir al futuro, de iluminar los pasos a lo largo del camino. De este modo, la fe, en cuanto memoria del futuro, memoria futuri, está estrechamente ligada con la esperanza (LF 10).

Este recuerdo, esta memoria, este tesoro que es nuestra tradición católica no es algo solamente del pasado, sino que es una fuerza vital en el presente, y siempre será un legado de belleza para las generaciones futuras. “Cantad al Señor, porque ha hecho proezas; ¡que sean conocidas en toda la tierra! ¡Exulta y grita de júbilo, tú que habitas en Sión, que es grande en medio de ti el Santo de Israel!” (Is. 12, 5).


[1] Véase el canon 231.

Los firmantes

Mº Aurelio Porfiri

Honorary Master and Organist for the Church of Santa Maria dell’Orto, Rome, Italy

Publisher of Choralife and Chorabooks, Editor of Altare Dei

 

Peter A. Kwasniewski, Ph.D.

Professor of Theology & Philosophy

Choirmaster

Wyoming Catholic College

 

Rev. Prof. Nicola Bux

 

M° Giorgio Carnini 

organista, compositore e direttore d’orchestra.

Presidente Associazione Camerata Italica.

Direttore artistico del festival e progetto “Un organo per Roma”.

Buenos Aires, Roma.

 

Prof. Giancarlo Rostirolla

Musicologo, Ricercatore, Accademico

Presidente dell’Istituto di Bibliografia Musicale

Direttore Artistico della Fondazione Giovanni Pierluigi da Palestrina

 

Most Rev. Athanasius Schneider

Auxiliary Bishop of Astana

President of the Liturgical Commission of the Conference of the Catholic Bishops of Kazakhstan

 

Right Reverend Archimandrite John A. Mangels

St. Augustine Antiochian Orthodox Christian Church, Denver CO

Founder of the Ambrosian Choristers

 

Rev. Brian W. Harrison, OS, MA, STD

Associate Professor of Theology (retired), Pontifical Catholic University of Puerto Rico,

Chaplain, St. Mary of Victories Chapel,

St. Louis, Missouri, U.S.A.

 

Fr. Thomas M. Kocik

Parish Priest, Fall River, Mass. (USA)

Past Editor, Antiphon: A Journal for Liturgical Renewal

 

+Abbot Philip Anderson 

Our Lady of Clear Creek Abbey / Hulbert, Oklahoma

 

David W. Fagerberg

Professor, Department of Theology

University of Notre Dame

 

Dr Joseph Shaw

Senior Research Fellow, St Benet’s Hall, Oxford University

 

Sir James MacMillan CBE

Composer and conductor

 

Kevin Allen

Composer

Chicago, IL, USA

 

William Peter Mahrt, Ph.D.

Associate Professor of Music, Stanford University, Stanford, California,

and President, Church Music Association of America

 

Peter Phillips

Founder and Director of the Tallis Scholars

Publisher of the Musical Times

Bodley Fellow, Merton College, Oxford

Chevalier de l’Ordre des Arts et des Lettres

 

Martin Mosebach

German novelist & essayist,

Frankfurt am Main

 

Roberto Spataro

Docente ordinario Università Pontificia Salesiana

Segretario della Pontificia Academia Latinitatis

 

Dottor Ettore Gotti Tedeschi

Economista e banchiere

 

Prof. Dr. Massimo de Leonardis

Ordinario di Storia delle relazioni internazionali

Direttore del Dipartimento di Scienze Politiche

Università Cattolica del Sacro Cuore

Milano – Italia

 

Elisabeth Mosebach

Friherrinnan Akerhielm af Margrethelund,

Frankfurt am Main

 

Father Richard G. Cipolla

Pastor, St. Mary’s Church

Norwalk, CT

 

The Most Reverend Rene Henry Gracida, D.D.

Bishop Emeritus of Corpus Christi

 

Rev. James V. Schall, S.J.

Professor Emeritus

Georgetown University

Washington, DC, USA

 

Prof. Pier Paolo Donati

direttore di “Informazione Organistica”

già docente di Storia della Musica all’Università di Firenze

 

Fr. John Zuhlsdorf

Madison, WI

fatherzonline.com

 

Colin Mawby, K.S.G.    

Liturgical Composer and Master of Music at Westminster Cathedral 1961 – 1977

 

Frank J. La Rocca, Ph.D

Emeritus Professor of Music

Oakland, California

 

Rev. George William Rutler, M. St. (Oxon.), S.T.D., LL.D.

Pastor, Church of Saint Michael

New York City, New York

 

Vytautas Miskinis

Composer,Conductor, Professor

Artistic Director of Boy’s and Male Choir AZUOLIUKAS,

Professor of Lithuanian Academy of Music and Theatre,

President of Lithuanian Choral Union

 

Wilko Brouwers

Utrecht Center for the Arts

Gregorian Circle Utrecht

 

Scott Turkington

Director of Sacred Music

Holy Family Church & Holy Family Academy

Minneapolis, Minnesota, USA

 

Jeffrey Morse

Schola Gregoriana of Cambridge

 

The Revd J W Hunwicke

sometime Head of Theology, Lancing College; formerly Senior Research Fellow, Pusey House, Oxford; Priest of the Ordinariate of Our Lady of Walsingham

 

Christopher Mueller

Founder & President

Christopher Mueller Foundation for Polyphony & Chant

 

Massimo Lapponi O.S.B.

Monaco sacerdote professo dell’Abbazia Benedettina di Farfa

già docente di Etica e Filosofia della Religione presso il Pont. Ateneo di Sant’Anselmo

 

Patrick Banken

vice president of the International Federation Una Voce (FIUV) and president of Una Voce France.

 

Joel Morehouse, BM, M.Ed.

Director of Music, St. Ann’s Church, Syracuse, NY

 

Deacon Edward Schaefer, D.M.A.

Professor of Music

Associate Dean of the College of the Arts

University of Florida

 

Hugh Ballantyne

Tutor in New Testament Greek

Saint Philip’s Seminary

Toronto

 

James Likoudi

president emeritus, Catholics United for the Faith (CUF)

Montour Falls, NY

 

Deacon Timothy D. Woods, M.M.

Choral Conductor

Frankfort, IL, USA

 

Matthew Schellhorn

Faculty of Music, University of Cambridge

 

Dr. Philip Blosser, PhD

Professor of Philosophy

Sacred Heart Major Seminary

 

Fr. Basil Cole, OP, STD

Professor (Ordinarius)

Pontifical Faculty at the Dominican House of Studies

 

Very Rev. Mark Kirby, O.S.B.

Prior

Silverstream Priory

Stamullen, County Meath, Ireland

 

Very Rev. Dana R. Christensen, MA, KHS

Pastor, St. Mary of Mercy Catholic Church, Alexandria SD

 

The Rev. James W. Jackson, FSSP

Pastor, Our Lady of Mt. Carmel Parish

Littleton, CO   USA

 

Rev. Fr. John Saward M.A.

Fellow of Blackfriars Hall, University of Oxford, and Priest-in-charge, SS. Gregory and Augustine Church, Oxford.

 

Rev. Joseph W. Koterski, S.J.

Department of Philosophy

Fordham University

Bronx NY

 

Fr. Robert Fromageot, FSSP (STL, Dogmatic)

Parochial Vicar/Choir Director

St. Rose of Lima Catholic Church

Quincy, IL

 

Thomas Cattoi

Associate Professor of Christology and Cultures

Jesuit School of Theology at Santa Clara University and

Graduate Theological Union

Berkeley, CA

 

Dr. Thomas T. Howard, Ph.D.

Author; Professor of English (retired), Gordon College, Wenham, MA

 

Mr. Philip Joseph Fillion

B.M, M.S.M. Westminster Choir College ’17

Organist, St. Catharine & St. Margaret Parish

Spring Lake, NJ

 

Steven W. Medicis, M.B.A., M.P.A, M.S. 

Director of Music at Saint James Church, Syracuse, New York

Director of Music at Saint Joseph’s Church, LaFayette, New York

 

Fr Thomas Crean OP STD

Holy Cross Priory, Leicester

 

Fr. Joseph Illo

pastor Star of the Sea Parish

San Francisco, CA

 

Rev. Jeffrey Keyes

Chaplain, Marian Sisters of Santa Rosa

Theology Instructor, Cardinal Newman High School

Director, Schola Cantorum of St. Eugene Cathedral

Santa Rosa, CA, USA

 

Fr Stephen P. Turner

Curate, Anglican Church of Christ the King

Watertown, NY

 

Edward Tambling BA (Oxon) FRCO HonFASC

Assistant Director of Music,

St James’s Roman Catholic Church, Spanish Place,

London

 

Dr. Peter Kalkavage, Ph.D.

St. John’s College

Annapolis, MD

 

Henri Adam de Villiers

Maître de chapelle (rits romain et byzantin)

 

Dipl. Inf. Monika Rheinschmitt 

Choirmaster of Schola in Stuttgart

President of Pro Missa Tridentina

Treasurer of Foederatio Internationalis Una Voce

 

Luís Carlos Fortuna Henriques

PhD Candidate in Musicology, University of Évora, Portugal

Especiality Iberian sacred vocal polyphony of the sixteenth and seventeenth centuries

 

Susan Treacy, Ph.D.

Professor of Music

Ave Maria University

Ave Maria, FL

 

Rev. Robert C. Pasley, K.C.H.S.

Rector of Mater Ecclesiae, Berlin, NJ

Chaplain of the CMAA

 

Adam Michael Wood

Berkeley, CA

 

Rev. Fr. Francesco Giordano, STD

Human Life International, Rome Director

Angelicum University, Faculty of Theology

Rome, ITALY

 

Mr Christopher Hodkinson, M.A., M.Phil. (Cantab.)

Director, Schola Gregoriana of Cambridge (U.K.)

 

Kurt Poterack

Ph. D. in Music Composition

Master of the Choristers and Schola Gregoriana

Director of the Liturgical Music Minor

Christendom College

 

Jeffrey Quick, M.M.

Composer, Schola director, St. Sebastian, Akron OH

 

Stephen M. Collins

Musician

Stella Maris Church

Sullivan’s Island, South Carolina

 

Dr. Sean Lewis, Ph.D.

Assistant Professor of English

Mount St. Mary’s University

 

Gary D. Penkala

Editor

CanticaNOVA Publications

Charles Town, West Virginia

USA

 

Henry R. Gaida

Director of Music, Choirmaster of the St. Cecilia Choir and Choristers at

Our Lady of Czestochowa Church; Turners Falls, Massachusetts, USA

 

David Clayton

Iconographer

Provost, Pontifex University

Atlanta, Georgia, USA

 

Jessica Earle MMusPT 

Music Secretary

Newman Parish, Melbourne, Australia

 

Noel Jones, AAGO

Creative Director, Frog Music Press

Augusta, Kentucky, USA

 

Alex E. Hill, M.Mus

Director of Music and Liturgy

St. Mark Catholic Church

Wilmington, North Carolina, USA

 

Eugene Lavery

Organist & Director of Sacred Music

Saint Martin of Tours Catholic Church

Louisville, Kentucky, United States

 

Robert Reilly

Author and music critic

Washington, DC, USA

 

Rudy de Vos, DMA

Director of Music

The Cathedral of Christ the Light

Oakland, CA, USA

 

Andrzej Zahorski, DMA

Director of Music for Saint Anselm Parish, Creve Coeur, Missouri

 

R.J. Stove

Organist

Victoria, Australia

 

Ann Labounsky, Ph.D

Professor and Chair of Organ and Sacred Music

Mary Pappert School of Music

Duquesne University, Pittsburgh, PA

 

Rev. Christopher P. Gray, STL

Diocese of Salt Lake City

Casa Santa Maria, Rome

 

Craig Kesner M.Mus  

Director of Music and Principal Organist

Saint Joseph’s Parish

Martinsburg WV, USA

 

Patrick Stolz, M.M. 

Music Director

Cathedral of St. Mary

Cheyenne, Wyoming

 

Rev. Markus Christoph, SJM, PhD

Markt Erlbach, Germany

Organist

 

Geoff McInnes

Spokesman, Society of St. Dominic

Winnipeg, Manitoba, Canada

 

Mons. Ignaçio Barreiro Carambula, S.T.D., J.D. 

Chaplain and Faculty Member of the Roman Forum

 

Rev. Paul Schindele, SJM

General Superior of the Servi Jesu et Mariae

Blindenmarkt, Austria

 

Philippe Guy

Cantor and Master of Ceremonies

Paris, France

 

Michael P. Foley

Associate Professor of Patristics

Honors College

Baylor University

Waco, Texas

 

Adam Taylor

Composer and Musician

Keedysville, MD, USA

 

Mary C. Weaver

Director, Pope Benedict XVI Schola

Knoxville, Tennessee

 

Daniel Schmidt, Mag. phil. Mag. art.

Abbey organist, Stift Heiligenkreuz, Austria

Lecturer for liturgical chant at the Papal Philosophical-Theological Institute Benedict XVI Heiligenkreuz, Austria

 

Mirjam Schmidt

Musician, Lecturer

Conservatory for Sacred Music, St. Pölten, Austria

 

The Revd Mgr Andrew Burnham MA(Oxon), ARCO(CHM)

Assistant to the Ordinary,

Personal Ordinariate of Our Lady of Walsingham

St Mary’s Catholic Church

 

Dom Daniel Augustine Oppenheimer, CRNJ, STL

Prior, Canons Regular of the New Jerusalem

Priory of the Annunciation of the Blessed Virgin Mary

Charles Town, WV, USA

 

Edmund Waldstein, O.Cist. 

Vizedirektor, Überdiözesanes Priesterseminar Leopoldinum,

Heiligenkreuz, Austria

 

Dr Nicholas Bannan

Co-ordinator of Graduate Studies and Director of The Winthrop Singers

School of Music

University of Western Australia

 

James Bogle, Esq.

Barrister of the Middle Temple, London

Vice-Chairman the Catholic Union of Great Britain

Former President of the International Una Voce Federation

 

William J. Tighe, Ph.D.

Professor of History

Muhlenberg College

Allwntown, PA, USA

 

Jeffrey M. Alban, D.M.A.

Director of Music & Organist

Saint John the Baptist Church

Front Royal, VA, USA

 

Dr. Daria Spezzano

Assistant Professor, Theology

Providence College

Providence, RI, USA

 

Fr Kenneth M. Bolin

Chaplain (Major), US Army

Pastor, Most Holy Trinity Catholic Chapel, US Military Academy

West Point, NY, USA

 

L’Abbé Claude Barthe

Cappellano pellegrinaggio Summorum Pontificum

 

Fr Seán Finnegan MA BTh

Parish Priest (Pastor), Diocese of Arundel and Brighton, England

Lecturer in Church History at St John’s Seminary, Wonersh

 

Dr Timothy Kelly

Professor of Dogmatic Theology

International Theological Institute, Austria

 

Fr. Eduard Perrone

Pastor and Choir Master

Assumption Grotto Church

Detroit, Michigan, USA

 

Olavo de Carvalho

Brazilian Philosopher and Author

 

Raúl del Toro Sola

Organ Teacher at the Conservatorio Superior de Música de Navarra (Spain)

 

Dr Ann Buckley PhD

Visiting Research Fellow

Trinity College Dublin

Ireland

 

Timothy Bowser, BME, MA

Music Educator

Cheyenne, Wyoming, USA

 

Trevor Rowland

Director of Music and Liturgy

St. Mary Catholic Church

Hagerstown, Maryland, USA

 

Rev. Brian Van Hove, SJ, MA, MTh/ STL, PhD

Chaplain, The Religious Sisters of Mercy of Alma

Alma, MI

 

June Bowser, B.Mus.

M.Mus. Cantor & Instructor of Voice

Cheyenne, WY

 

Dr. Gregory Hamilton

Director of Sacred Music

Holy Trinity Seminary

Irving (Dallas) Texas

 

Rt Rev Fr Xavier Perrin OSB

Abbot of Quarr Abbey (UK)

 

Judith Christoph

Austria.

Head of the Ancillae Domini

 

Christoph Matthias Hagen

Cantor

Innsbruck, Austria

 

Rick Wheeler

Music Director, Our Lady of Mount Carmel, Littleton, CO, USA

Artistic Director, Vittoria Ensemble, Denver

 

Janet Floyd Gorbitz

General Manager, Church Music Association of America

 

Wassim Sarweh (ARCT)

Music Director/Organist/Cantor

St Benedict and St Alphonsus

Windsor, Ontario, Canada

 

B. Andrew Mills

Organist and Choirmaster

Old St. Patrick’s Church

New Orleans, Louisiana, USA

 

Kathy Reinheimer

Director, Regina Pacis Cantorum; Reno, NV, USA

 

Frederick Lautzenheiser

Schola Director and Organist

Immaculate Conception Church Cleveland, OH, USA

 

Royce Nickel

Music Director

Fresno Latin Mass Society

Fresno, CA, USA

 

Ron Andrico

Author, publisher, church musician Director of Mignarda Ensemble

Cleveland Heights, OH

 

Rev Brendan Kelly

Pastor, St. Wenceslaus Catholic Church, Bee, Nebraska

Chairman of Philosophy Department, St. Gregory the Great Seminary, Seward, Nebraska

Member of the Diocesan Liturgical Commission, Diocese of Lincoln, Nebraska

 

Mary Jane Ballou

Director, Cantorae St. Augustine

St. Augustine, Florida, USA

 

Frank Lawrence

Assistant Professor, UCD School of Music, University College Dublin, Ireland

 

Mindaugas Kubilius

Ad Fontes Project

Vilnius, Lithuania

 

Christopher J. Garton-Zavesky

Organist, Oratory of the Immaculate Heart of Mary at Five Wounds Portuguese National Church

Santa Clara, California, USA

 

Peter Mahon

Artistic Director, Tallis Choir, Toronto

Director of Music, Lorne Park Baptist Church, Mississauga, Ontario

Assistant Conductor, St. Michael’s Choir School, Toronto

 

Raymond Ortiz

Choir Master

Pax Christi Catholic Church

Littleton, CO, USA

 

Pierre Masse

Director of Music

Saint Jude’s Catholic Church

Lincoln, Rhode Island, USA

Director, Ecclesia Consort of New England

 

Matthew Menendez

Co-Founder, Pro Civitate Dei

Saint Louis, MO, USA

 

Aaron James, PhD, DMA, FRCCO 

Director of Music

St Mary’s, Auburn, NY

 

Fr. Paul Felix

Pastor

Annunciation Catholic Church

Houston, Texas, USA

 

Rev. Thomas Buffer, STD 

Composer and organist

Pastor, St. Mary Church, Marion, Ohio

Pastor, Sacred Hearts Church, Marion, Ohio

Lecturer, International Marian Research Institute, Dayton, Ohio Marion, Ohio, USA

 

Nick Botkins

Director of Sacred Music/Master of the Choirs

Saint Francis de Sales Oratory

Institute of Christ the King Sovereign Priest

Saint Louis, MO, USA

 

Dr Graeme D. Adamson

MB ChB (Honours)

Music Director, Cantiones Sacrae

Dundee, Scotland, UK

 

Msgr. Arthur B. Calkins, S.T.D.

Chaplain

Christopher Inn

New Orleans, LA, USA

 

Pe. Sérgio Cavalcante Muniz

Professor and Doctor of Theology in the S. Joseph Archdiocesan Seminary, Rio de Janeiro, Brazil

Pastor of Our Lady of Fátima, Alto da Boa Vista, Rio de Janeiro

 

Fr. Jay A. Finelli, Mdiv

Pastor – Church of the Holy Ghost

Tiverton, Rhode Island U.S.A.

 

Mr Maghnus Monaghan

Master of Liturgical Music (MLM)

Choir Director, St Eugene’s Cathedral, Derry, Northern Ireland

 

Linda Schafer

Editor, St. Michael Hymnal

St. Boniface Parish

Lafayette, Indiana

 

Cons. Giuseppe Capoccia, 

magistrato, Crotone

 

Padre Alessandro Ratti, OFM conv.

docente di teologia all’ITSAD – Padova,

Cappellano dell’Arciconfraternita di Sant’Antonio di Padova

 

Aldo Caputo

Cantante lirico

 

Nicholas E. Lemme

Director of Sacred Music

Our Lady of Guadalupe Seminary

St. Francis of Assisi Chapel and Children’s Choirs

Lincoln, NE  USA

 

Fr. David Vincent Meconi, SJ

Saint Louis University

Editor, Homiletic & Pastoral Review

 

Paul Jernberg 

Music Director, St. Monica and St. Lucy Parishes, Methuen, MA

Composer-in-Residence, Thomas More College, Merrimack, NH, USA

 

Mº sac. Giuseppe Grassi 

arcidiocesi di Brindisi-Ostuni

 

Roman Chlada, MA

Kirchenmusiker & Präsident der Una Voce Austria

 

Paul Livingston BA

Secretary, Musica Sacra Scotland

 

The Rev’d Father Philip Andrews BA, STL

 

Sr Jean Willcox ocd

Qualifications AGSM, BA(Hons), PhD Honorary.

Position Carmelite nun and Core Group Member of Monastic Musicians UK

 

Mº Ivano Scavino

Direttore Artistico

Fondazione Scuola di Alto Perfezionamento Musicale

 

Mr Philip Evans

Director of the Byron Consort and House Master of Moretons, Harrow School

Bachelor of Arts and Postgraduate Certificate of Education, University of East Anglia

Licentiate of Trinity College of Music, London

 

Fr Guy de Gaynesford

Rector, School of the Annunciation,

Buckfast, England

 

Dr James Holland, BA, M.Litt., PhD

Under Master

Harrow School

London, England

 

Joseph Cullen

MA Cambridge University, FRCO

Formerly Organist of Westminster Cathedral

And Director of the London Symphony Chorus

 

Prof. Roberto Marini 

Docente associato d’organo presso il Pontificio Istituto di Musica Sacra in Roma

Organista titolare della Cattedrale di Teramo

 

Giovanni Zordan

concertista, docente di Violino e Musica di insieme per archi  al Liceo Musicale di Castelfranco Veneto

 

Dr John P. Rowntree, Ph.D, M.Ed., ARCM, LLCM, Adv. Dip. Ed.

Director of the Choir and Organist and Assistant to the Monastic Choirmaster, Douai Abbey,

Upper Woolhampton, England.

Accredited Member of the Association of Independent Organ Advisers

 

Nicholas J. Will

Assistant Professor of Music

Franciscan University of Steubenville, Ohio, USA

 

sac. Mariusz Białkowski 

semiologo, gregornanista

Poznań, Polonia

 

Andris Amolins, Dr. phil-nat.

Chairman of Una Voce Latvija

Co-founder of Schola Sancti Meinardi

 

Sr. Susi Ferfoglia

(organista, gregorianista)

Cracovia PL

 

Heitor Caballero

Music Director

St. Agnes Church

NY

 

Carmen Luisa Letelier

Professor at the University of Chile

Recipient of Chilean National Music Award (2010)

 

Fr. Milan Tisma

Chaplain to the Asociación Liturgica Magnificat

Author of “Magnificat: Manual litúrgico-musical en preguntas y respuestas” (2004)

 

Luis González

Organist, choirmaster of the Asociación Litúrgica Magnificat

 

Amalia Letelier

Lecturer at the Institute of Music of the University San Alberto Hurtado Teacher at Saint Ursula, Santiago Leader, Coro de la Universidad Andrés Bello, Santiago

 

Rev. Michael P. Forbes, MDiv  MEv., GCTJ, OHS

Retired Chaplain

St. Cecilia Choir School

Rochester, MN

 

Jaime Carter

Organist

Organ Teacher at the University of Chile

 

Samantha Dawson

Head Organist

Our Lady of Mt. Carmel Catholic Church

Littleton, CO, USA

 

Katharine Mahon

Director, Corpus Christi Children’s Choir

Toronto, Ontario, Canada

 

Samuel A. Schmitt, MLM, Ph.D.

Director of Sacred Music, The Cathedral Parish, Bridgeport, CT, USA

 

Michael G. Sirilla, Ph.D.

Professor of Dogmatic and Systematic Theology

Director of Graduate Theology

Franciscan University of Steubenville

 

Blanaid Murphy

MA( Cantab) ARCO KA Diplom (Stuttgart)

Director, Palestrina Choir, St Mary’s Pro-Cathedral, Dublin

Director, St. Mary’s Pro-Cathedral Girls’ Choir, Dublin

 

Christopher J. Malloy

Associate Professor of Theology, The University of Dallas

Associate Editor, Nova et Vetera

 

Neil Wright 

Organist, St Michael’s Abbey ,

Farnborough, UK

 

Fr Reto Nay, SSD

Glion, Switzerland

 

Dr. Jarred Tafaro

Director of Sacred and Liturgical Music

St. Catharine-St. Margaret Parish

Spring Lake, New Jersey

 

Fr. John Rickert, Ph.D., FSSP

Pastor, Immaculate Conception Church

Omaha, Nebraska

 

Lt-Col (Rev.) Paul Acton

Commandant Canadian Forces Chaplain School

Canadian Forces Base Borden

 

Prof. Jacques Viret

musicologue français,

Université de Strasbourg

 

Damien Poisblaud

chanteur français spécialisé dans le chant grégorien,

directeur des Chantres du Thoronet

 

Christopher J. E. Jeffries

Organist

Bristol, U.K.

 

Joan Dillon

Director

Academy of Sacred Music

Scotland

 

Miss Julia Jones

B.A. (Hons) Dunelm,

Schola director, Kent, UK

Trustee, Schola Gregoriana of Cambridge

 

Andrew Robson

Salisbury, Wiltshire, UK

 

Stephen Wood

Music teacher and composer

Princes Risborough, Buckinghamshire, UK

 

Robert O’Farrell

Choir Master and Organist

Church of the Good Shepherd, Woodthorpe, Nottinghamshire, UK

 

Mr. Frederick Stone

Chairman, Una Voce Scotland

 

Clare Bowskill

Director of Music

St Mary Magdalen’s

Brighton, UK

 

Alastair J. Tocher

Director

Schola Gregoriana Malverniensis

U.K.

 

Robert Brookes

Cantor

Maybole, UK

 

Thomas More Hagger

Choirmaster and Organist

Seaford, East Sussex, UK

 

Noreen O’Carroll

Blackrock, Dublin, Ireland

 

Adrian Taylor, MA 

Organist, Church of Our Lady

St John’s Wood, London, UK

 

Kevin G. Jones

Secretary, Latin Mass Society of England and Wales

 

Austin Murphy

Director of Music

St Joseph’s Church, Bradford, UK

Former Master of the Music

St Anne’s Cathedral, Leeds, UK

 

Jim Roche

Convenor of The Cantors of the Holy Rude

Stirling, UK

 

Francis Bevan

Professional Editor of Renaissance Music

London, UK

 

Thomas J. D. Neal, MPhil (Cantab)

Director of Music

Shrine of St. Augustine of England, Ramsgate, UK

 

Dr Ben Whitworth

Founding director, the Orkney Schola

Orkney, SCOTLAND

 

Dom Benedict Hardy, OSB

Choirmaster

Pluscarden Abbey, Scotland

 

Rev. Joseph D. Santos, Jr.

Administrator, The Church of the Holy Name of Jesus

Providence, RI, USA