Arvo Pärt: “¿Ya le has dado gracias a Dios por este fracaso?”

Arvo Pärt

Compartimos con ustedes, queridos lectores, estas palabras del reconocido compositor de Música Sacra, Arvo Pärt, con ocasión de su doctorado honoris causa, otorgado por el Seminario de Teología San Vladimir en Nueva York, en mayo de 2014. Como el video y los subtítulos están en Inglés, les ofrecemos nuestra traducción:

Por favor, permitidme algunas reflexiones de mis diarios musicales.

En el monasterio Pühtitsa, en Estonia.

“¿Ya le has dado gracias a Dios por este fracaso?” Estas palabras inesperadas fueron dichas por una pequeña niña, lo recuerdo exactamente, el 25 de julio de 1976. Yo estaba sentado en el patio del monasterio, en una banca, a la sombra de los arbustos, con mi cuaderno.
-¿Qué estás haciendo? ¿Qué estás escibiendo?- la niña, que tenía alrededor de 10 años, me preguntó.
-Estoy tratando de escribir música, pero no está saliendo bien- le dije.
Y entonces, la inesperada respuesta de ella:
-¿Ya le has dado gracias a Dios de este fracaso?-

El instrumento musical más sensible es el alma humana. El siguiente es la voz humana. Uno debe purificar el alma hasta que comience a sonar. Un compositor es un instrumento musical, y a la vez, el intérprete de ese instrumento. El instrumento tiene que estar en orden para producir sonido. Uno debe empezar por ahí, no con la música. A través de la música, el compositor puede saber si su alma está afinada y en qué clave.

Dios teje al hombre dentro del vientre de su madre, lenta y sabiamente. El arte debe nacer de una forma similar, ser un mendigo cuando se trata de escribir música: lo que sea, como sea, y cuando sea, lo que Dios da. No deberíamos lamentarnos por escribir poco y pobremente, sino porque rezamos poco y pobremente, y tibiamente, y vivimos en el camino errado. El criterio debe ser siempre y únicamente la humildad.

La música es mi amiga; siempre comprensiva, compasiva, indulgente. Es un consuelo. El pañuelo para secar mis lágrimas de tristeza. La fuente de mis lágrimas de alegría. Mi liberación y mi vuelo. Pero también una espina dolorosa en mi carne y mi alma. Esto me hace sobrio y me enseña la humildad.

Gracias, perdonadme por favor.